CHÂTEAU MARGAUX | ESPLÉNDIDO

CHÂTEAU MARGAUX
FRANCISCO GASPAR

COMPARTIR:

La experiencia que ofrece la cata de algunas de las cosechas de este burdeos es indiscutiblemente algo especial, y es que Château Margaux es uno de los ‘Premier Grand Cru’ legendarios del Médoc, y por ello uno de los grandes vinos franceses.

El Médoc es la tierra de origen de la omnipresente variedad de uva Cabernet Sauvignon, que tan memorables vinos nos ofrece en diferentes latitudes del planeta. Se caracteriza por ser estructurada y longeva, pero también por resultar recia y burda si el terroir y el climate no es el adecuado. Sin embargo, cuando existe una adecuada conjunción de suelos, condiciones micro climáticas y savoir faire ancestral, los vinos con esta uva ofrecen un abanico de aromas sutiles y refinados, que van desde los frutillos rojos, como el casis y la grosella, a los recuerdos de cacao y frutillos silvestres como arándanos. Con el esmerado trabajo de las bodegas, éstos se complementan con delicados aromas de especias dulces –como la vainilla, la canela, y el clavo– otorgando a los vinos un bouquet inigualable. Así, su paladar resulta fino, elegante y aterciopelado, con un tanino suave y dulce. Este es el caso de Château Margaux.

Se dice que éste es el vino más femenino de todo el Médoc, distinción que se debe a su delicadeza, suavidad y fino bouquet afrutado, unas características que contrastan con otros vinos más complejos y potentes que crecen en la zona.

La cata de un Château Margaux es siempre una grata experiencia, pero hay añadas que quedan especialmente para el recuerdo. La última fue el 2005, al nivel de la del 2000. Château Margaux ha forjado gran parte de su prestigio en la primera mitad del siglo XX, con añadas como las de 1900, 1927, 1938 ó 1945. Siempre quedará en la memoria la de 1961, un vino para la eternidad.

La propiedad de 260 hectáreas está ubicada en las afueras del pueblo de Margaux. Del total del terreno, 80 hectáreas están reservadas para los viñedos que constituirán el vino tinto y 12 para el Sauvignon Blanc que dará lugar al tradicional Pavillon Blanc. Un elemento diferenciador es el suelo donde crecen estas viñas cuya densidad permitiría cavar un pozo en ellas sin necesidad de cubrirlo con un muro.

Fue en el siglo XVI, con la familia Lestonnac, cuando estas tierras y sus vinos consiguieron el prestigio mundial. La propiedad está también marcada por una familia de origen griego. André Mentzepoulos, anticipándose a la nueva edad de oro de los vinos bordeleses de finales de siglo XX invirtió grandes recursos y tiempo en la replantación de las vides, drenaje de viñedos, y en las bodegas. Una dedicación hacia sus tierras que supo trasmitir a su hija y heredera, Corinne Mentzepoulos.

En 1990, Corinne vendió el 75% de la propiedad a la familia Agnelli. El poderoso Giovanni Agnelli eligió personalmente la compra de esta bodega. Esta alianza con los Agnelli duró hasta 2003. Desde ese momento y hasta la actualidad, Corinne Mentzelopoulos permanece como única accionista de esta marca y orgullosa continuadora de los vinos que tanto quiso su padre. Le acompaña en la gestión de la bodega Paul Pontallier, que se unió su equipo en 1983, sinendo nombrado director general en 1990 al retirarse su predecesor Philippe Barré.

Más información en chateau-margaux.com