GESTIÓN PATRIMONIAL FAMILIAR | ESPLÉNDIDO

GESTIÓN PATRIMONIAL FAMILIAR
BORJA DURÁN *

La gestión de patrimonios familiares se caracteriza por combinar el reconocimiento y lealtad a los orígenes, la necesidad de adaptación a los objetivos, restricciones y horizontes temporales de cada uno de los miembros de la familia y el deseo de mejora.

La gestión patrimonial familiar es un proceso dinámico que requiere ajustes con el paso del tiempo. El entendimiento y buen trato entre los miembros no suponen garantía de éxito, pero sin ellos, los resultados serán probablemente negativos, produciéndose la entropía familiar.

Es necesario coordinar, entender y poner en común los objetivos del colectivo, no únicamente los de carácter financiero, sino también aquellos que definan los principios y valores en los que se fundamenta la actividad mancomunada. Será la parte intangible del patrimonio la que finalmente marcará la diferencia entre las familias realmente exitosas y las que no lo son.

Delimitar los riesgos a los cuales estamos dispuestos a exponer el patrimonio es uno de los aspectos fundamentales del proceso, siendo imprescindible dedicar un tiempo prudente a la reflexión sobre los objetivos y prioridades, y en función de ello, anteponer unas variables que limiten al resto: liquidez, volatilidad, riesgo de crédito, complejidad, rentabilidad, etc.

Los patrimonios familiares nacen con una vocación de continuidad que permita la transmisión de riqueza de forma intergeneracional, siendo necesario definir horizontes de inversión de largo plazo. Así pues, para atender las necesidades e inquietudes de los miembros de la familia, en sus diferentes etapas vitales, se deberán implementar diferentes carteras con distintos horizontes temporales, de tal forma que consigamos dar soluciones específicas a problemas concretos. Además, esta alternativa ofrece un terreno menos conflictivo para el debate y la aplicación de los objetivos individuales.

Por todo ello, es necesario un proceso que estructure las diferentes etapas a las cuales hay que hacer frente, donde los miembros comprendan y asuman el rol que desempeñan dentro del grupo. Se deberá elegir responsables para cada una de las áreas del grupo familiar, habilitándose espacios para que los miembros se manifiesten en el foro adecuado y en el momento oportuno. Por lo tanto, el sistema tradicional de gestión de inversiones, centrado únicamente en los aspectos financieros, ha quedado obsoleto cuando afrontamos la gestión de patrimonios familiares. Para tener éxito en esta gestión, hay que entender el patrimonio como un medio para alcanzar un determinado objetivo.
¿Resulta interesante invertir de manera conjunta? Si existe una afinidad marcada por unos principios y valores comunes, y se establece el grado de gobernanza adecuado la idiosincrasia familiar, sin duda. Esto permite apalancar la potencia patrimonial del grupo familiar y beneficiarse de economías de escala, conocimientos y financiación de los recursos, minimizando los costes, pero respetando la voluntad de cada uno de los miembros. Éstos no actuarán necesariamente de forma mancomunada, sino, siempre de manera voluntaria y con el importe que individualmente consideren oportuno.
La gestión patrimonial familiar debe ser concebida como un proceso dinámico que se enfoca inicialmente en lo urgente de las inversiones pero que acaba forzando a sus miembros a centrarse en lo importante, que es su vida y deseos personales.

* Borja Durán es Consejero Delegado de Wealth Solutions, EAFI